INFORMATIVO 27 Y

lunes, 27 de febrero de 2012

Washington encabeza la lista de ciudades con mayor número de indigentes


Las recientes estadísticas muestran que cada noche en Washington, capital de Estados Unidos, más de 6.500 ciudadanos duermen sin un techo que los cobije. Los activistas destacan que familias enteras se encuentran en la indigencia y este número continua creciendo.
Esta es la historia de algunas personas que durante años no han podido conseguir empleo y tampoco reciben ayuda del Estado.
Lolita McDaniel es una mujer que solía trabajar, tenía un hogar e hijos que iban a la escuela. Hoy se encuentra, sin trabajo, sin techo y sin sus hijos. Desde 2003 anda buscando empleo. Mientras lee el periódico, hace una pausa para narrar lo que considera lo peor de su desamparo.
“Mis niños casi nunca estaban lejos de mí, solo cuando iban al a escuela y luego se quedaban en jornada extendida. Lo que quiero es reunirme con mis niños, cuidarlos y tener un trabajo normal, de 9 a 5″, confiesa Lolita, para quien la pérdida de la potestad sobre sus hijos ha sido, sin duda, la prueba más fuerte de estos últimos años.
“Yo pensaba que ahora que no están conmigo iba a ser más fácil conseguir trabajo, pero ha sido lo contrario”, aseguró.
Según reportes del Washington Legal Clinic, más de 2.000 familias en la capital estadounidense solicitan albergue al gobierno, pero solo hay lugar para 400. Para los demás, la salida de la indigencia vendrá de la mano de un nuevo empleo pero para quienes tienen años fuera del mercado laboral, las nuevas tecnologías pueden resultar complicadas.
Consultamos el caso de Lolita con Neil Donovan quien dirige una coalición nacional de organizaciones que ayuda a personas sin techo. Hasta él se mostró conmovido por la situación de esta mujer.
“Como nación deberíamos mirar este caso y decir: sí, esta persona no puede resolver su problema, tenemos que ayudarla y no la ayudamos quitándole a sus hijos, la ayudamos aportando recursos adicionales para lidiar con el problema. Lo que hemos hecho es perjudicar a las mujeres de todo el país al tratarlas a todas por igual, pero en casos como este tienen personas que dependen de ellas y como resultado también acarrean con la responsabilidad de mantener a sus hijos”, comentó Neil Donovan, director ejecutivo de la Coalición Nacional de Desamparados.

Hasta en las mejores familias

Lo paradójico del caso es que Washington, la capital de uno de los países más poderosos del mundo, tiene el mayor número de indigentes per cápita a nivel nacional. Y la mayoría de ellos son familias.
En una noche, en promedio, más de 6.500 personas en esta ciudad no tienen donde dormir, entre ellos 1.500 niños. Esa cifra representa un aumento de un 5% en comparación con años anteriores. Los más afortunados consiguen cobijo en los refugios que mantiene el gobierno capitalino, el resto duerme en parques o en las entradas de las estaciones de tren.
El perfil de la persona sin techo ha cambiado al igual que las condiciones económicas del país. Muchos de los indigentes actualmente tienen trabajo pero tienen que decidir entre alimentarse o pagar por un techo donde dormir.
“Si me hubieses preguntado hace un tiempo cuál es el prototipo del mendigo, mi respuesta hubiese sido un hombre mayor, con mala suerte en la vida, alguien con problemas de abuso de drogas. Hoy la respuesta es: una familia o alguien que trabaja y tiene para comer, pero su casa fue embargada o el apartamento donde vivía fue expropiado. Estos son individuos que son indigentes por cortos períodos de tiempo”, afirmó Donovan.
Donovan aseguró que “hay un mal manejo del problema de la indigencia a nivel local en Washington, a tal punto que el Gobierno federal tuvo que asumir el control de la administración de servicios a desamparados, pero le pasaron las riendas a una agencia igualmente incompetente”.
El mal manejo provoca situaciones como la sufrida por Willard. La noche anterior a ser entrevistado por RT, este artista callejero no pudo entrar a uno de los refugios que ofrece la ciudad ya que su capacidad estaba colmada. Hoy, lo que ocupa su mente es otra necesidad.
“Me gustaría ver a uno de mis fabulosos amigos y que me llevara a comer”, dijo sin dudarlo Willard Lake.

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